Trasladados a la antigua Roma. Combates que duraban días. Únicamente un vencedor.  En esta ocasión, Valdebebas acogía el segundo y definitivo asalto entre los gladiadores del Real Madrid y el Atlético. Solo una gran novedad antes de que atronara el himno madridista en la salida de los jugadores al césped de la batalla. Nico Paz, arrancaba el encuentro en el banquillo tras haber jugado con el filial en la derrota 1-0 ante la Cultural Leonesa.

La batalla del campo siete de la Ciudad Real Madrid comenzó con un gran golpe al mentón madridista. En esta ocasión, cabezazo. Santamaría la ponía desde la derecha y Abde aparecía para que los atléticos comenzaran a creer en el milagro. La afición blanca reclamó fuera de juego pero el arbitro dejó subir el tanto al marcador.

Con el rival noqueado, el Atlético aprovechó su momento en la batalla para asestar el segundo y definitivo golpe. Fiesta marroquí para los rojiblancos ya que era Salim el autor de dejar al Real Madrid prácticamente con sus gladiadores en el suelo. 

A pesar de los golpes rojiblancos, la realidad de la batalla estaba siendo otra totalmente diferente. Y ahi, el Real Madrid no estaba siendo para nada inferior en la pelea en el derbi. Es más, estaba siendo más protagonista con balón y con más llegadas al área. Sin embargo, el fútbol es una batalla que no entiende de merecimientos. Esta batalla solo entiende de la efectividad en los golpes. Y ahi, sin duda, el Atlético estaba siendo el rey por primera vez en esta temporada.

El segundo asalto arrancó con Arbeloa realizando un cambio crucial en el devenir de la batalla. Nico Paz entraba al campo para intentar, con el fútbol que si se estaba generando, lograr el tanto que no mandase el encuentro a la prórroga. 

Cambios, cambios y más cambios. Arbeloa movía su banquillo. Fernando Torres hacía lo mismo. Sin embargo, cambiaba todo menos el guion del encuentro y el resultado favorable a los rojiblancos. Aparecían Piñeiro y Esquivel. Con el mismo resultado pero con distintos protagonistas sobre el coliseo madridista se llegaba a un tiempo extra necesario para decidir un vencedor. 

La historia hizo el resto

El Real Madrid es un club cuya historia le avala. Es así. Y ante eso pocos argumentos futbolísticos o tácticos se pueden emplear. Y esto volvió a suceder esta vez en esta batalla en Valdebebas. Incomprensiblemente, Esquiviel comete un falló al cubrir su palo y nada más arrancar el Real Madrid lograba hacer lo que no había hecho durante todo el encuentro: ser efectivo y propinarle un golpe a su rival. Posteriormente, un minuto después sucede una acción muy polémica. Un jugador del Real Madrid esta tendido en el césped sin que ni el Atlético de Madrid tire el balón fuera y el colegiado pare el encuentro. Esto, acaba en un mano a mano de Gonzalo García que no perdonó, poniendo el punto y final a un encuentro y una prorroga que se ensució con un enfrentamiento entre Arbeloa y Fernando Torres, donde el de Fuenlabrada acabó expulsado y encarándose con la grada.

La batalla fue blanca. El primer asalto fue blanco. El segundo derbi acabo en empate pero sirve para que el Real Madrid de Arbeloa se clasifique con su juvenil A a la Final Four de la Copa de Campeones. En tres días, los blancos tendrán que enfrentarse a la UD Las Palmas por un puesto en la gran final.