El apellido González y el éxito vuelven a ir de la mano, aunque esta vez desde una perspectiva táctica muy diferente. Héctor González Redondo (Madrid, 2005) ha necesitado muy poco tiempo para demostrar que su fútbol tiene personalidad propia. Este fin de semana, el madrileño anotó en el minuto 83 el tanto de la victoria del Cádiz Mirandilla ante el Atlético Onubense (1-0), firmando su primer gol como amarillo y confirmando que el instinto competitivo que tiene el hijo de la leyenda madridista Raúl González Blanco se lleva en la sangre.

Un «jefe» polivalente para la zaga de Rubio

A diferencia de su padre, Héctor ha preferido forjar su carrera desde la retaguardia. Se desenvuelve principalmente como defensa central, aunque su polivalencia le permite actuar con la misma solvencia en la base del centro del campo.

Tras curtirse en las canteras de Las Rozas CF y el CD Leganés, y pasar por el Polvorín FC (filial del Lugo) y el Recreativo Granada, Héctor llegó al Cádiz en el mercado invernal buscando los minutos que se le negaban en tierras nazaríes. La apuesta de Francisco Cordero «Rubio» no ha podido ser más productiva: Héctor se ha convertido en el ancla del equipo.

El amuleto del Mirandilla

Los datos avalan su impacto. Héctor ha sido titular indiscutible en los últimos cinco partidos, un tramo en el que el filial gaditano no conoce la derrota (3 victorias y 2 empates). Su capacidad para mandar en el área y su despliegue físico han dotado al Mirandilla de una seguridad defensiva que le permite soñar con cotas más altas en la Segunda RFEF.

Lejos del ruido de Valdebebas, Héctor González está demostrando que se puede honrar un apellido ilustre desde el esfuerzo silencioso del central. En Cádiz ya han descubierto que tienen a un jugador total: un defensa que blinda su portería y que, cuando el partido se aprieta, también sabe aparecer para dar victorias.