Resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas. También es la palabra que, sin lugar a dudas, mejor define la temporada el Adarve. Decía en las declaraciones post-partido Javier Vázquez, entrenador de este juvenil, que sabían que en el encuentro “los contenidos tácticos iban a estar por debajo de lo emocional”. No se equivocaba el técnico, ya que en estos partidos no importa la clasificación, ni las dinámicas, ni tan siquiera el nombre del rival al que te enfrentas. Es jugarse la totalidad del trabajo, esfuerzo y sacrificio de un año en noventa minutos, al todo o nada, a vida o muerte. Pero si había un equipo este año que podía fiar todas sus posibilidades al cara o cruz de la moneda, sin duda este era el Unión Adarve, el funambulista de la categoría. Vivir en el límite ha sido su hábitat permanente, y en las situaciones límite, donde a la mayoría le tiemblan las piernas, los lobos se manejan como pez en el agua.

Un escenario idílico para la ocasión, las 21 jornadas que habían permanecido en posiciones de descenso… Todo ello hacía crear una atmósfera que ya venía consagrándose durante la semana para hacer que el choque cogiera cierto olor a proeza, como si fuera el guión de una película en el que el desenlace estaba predestinado específicamente para ellos. Sin embargo, querían huir de ese pensamiento y dejar la confianza enterrada. No hay que olvidar que enfrente estaba un Leganés con bajas, pero que llegaba matemáticamente salvado desde hace semanas, que tiene un filial que marcha como tercer clasificado en Liga Nacional y que se presentaba al encuentro después de haber ganado esta semana al filial del Atlético de Madrid por 5-3 en Butarque. Este hecho mostraba que el choque no iba a ser nada fácil para ambos conjuntos.

La primera novedad que introdujeron los rojinegros fue un cambio de sistema. El 1-4-4-2 habitual, tan ordenado y que repartía tan bien los esfuerzos para sus futbolistas pasó a convertirse en una especie de 1-5-2-3 más seguro defensivamente y que dejaba más libertad a Manu, Kike y Monroy descolgados en ataque. Por su parte, el Leganés al ser jugadores menos acostumbrados a jugar juntos, se dispuso con un sistema muy fácil de entender y ejecutar, como es el 1-4-2-3-1.

Comenzaba el partido con la primera ocasión para el cuadro visitante, que estuvo cerca de inaugurar el marcador de forma temprana. En el minuto 9 una falta en el balcón del área lanzada por Kike acabó con el balón pasando por encima de la barrera y estrellándose en el palo de la portería de Antón, que se veía obligado a intervenir sacando un pie lleno de reflejos para rechazar el remate de Monroy en la segunda acción. El juego durante los 25 primeros minutos se desarrollaba en terreno pepinero, que intentaba salir con el cuero controlado desde atrás, pero no encontraba la fluidez necesaria en sus futbolistas para profundizar y acercarse a la portería de Monte debido a la intensidad con la que afrontaba el Adarve cada disputa, conscientes de que cada pelota ganada era una batalla que les ayudaría a conseguir el objetivo. Sin embargo, un minuto más tarde avisaron los locales. En esta ocasión, un centro lateral que no fue despejado por ningún defensor rojinegro fue prolongado hacia atrás, paseándose por el área pequeña, donde llegó Isaac, mediocentro local, que se confió en exceso y libre de cualquier marcaje envió el balón fuera con todo a placer para adelantar a su equipo.

En el minuto 34 llegaría la primera alegría para el Unión Adarve, en una de sus especialidades: el saque de banda. Carlos Daniel, que hoy actuaba como central, recorrió todo el campo e hizo gala de que no solo envía el balón al área en Ganapanes, sino que en un campo como es la Ciudad Deportiva de Leganés, con dimensiones mucho más anchas, consiguió colocarlo en las inmediaciones del arco. El balón salió rechazado en parábola y fue a caer donde se encontraba Monroy. El pichichi del Adarve realizó una volea acrobática para cruzar el balón al palo largo y adelantar así a su equipo antes del descanso.

La segunda parte cambió su discurrir por completo. El Leganés, queriendo cerrar su brillante temporada con un triunfo ante su afición, adelantó la presión y ganó en dinamismo y velocidad en la circulación del balón. El Adarve empezó a dar síntomas de nerviosismo, lo que hizo que por inercia empezara a echarse hacia atrás y a ceder terreno de juego a los locales. Un reflejo de esto fue la primera ocasión de los blanquiazules, cuando en un balón a la espalda de los centrales, una falta de entendimiento entre Gende y Monte terminó con un balón suelto que no acertó a empujar a la red con éxito Togola, tras seguir la acción hasta el final. En el minuto 66, dos de los jugadores con más calidad de los locales establecieron una combinación que se iniciaba con un gran pase de Simón hacia Cirre, que se internaba por el centro y levantaba el balón con el exterior de su pierna izquierda ante la salida de Monte, que entraba con mucha suavidad en la meta visitante.

Esto supuso un jarro de agua fría para los lobos. Pero como dije en la previa, estos partidos son diferentes y al Adarve conviene no analizarlo, simplemente basta con ser consciente de que cuanto más al extremo llevan una situación, más probabilidades hay de que salgan victoriosos. Y como si de una paradoja de su temporada se tratara, el destino les tenía guardado un último giro que añadía más épica a la gesta. Así, dos minutos más tarde, en una falta ubicada en el centro del campo, los futbolistas con más envergadura del Adarve subían a rematar. El balón fue directo al área y tocado en primera instancia por un atacante. Antón realizó una buena parada, pero dejó el esférico demasiado cerca de su meta, y por allí apareció Ayuso para fusilar sin contemplaciones la red pepinera y desatar la locura en la grada. Como decía Álvaro de Grado en uno de sus artículos: “un gol produce mucha alegría, pero ninguno se grita tanto como el de un ascenso”. En este caso, solo hay que cambiar ascenso por permanencia, que para el Adarve es lo mismo, y orgullosos que están de ello.

Ahora sí los visitantes reculaban de una forma descarada, condenados a sufrir hasta el final del encuentro. Se agruparon y cerraron filas porque sabían que no podían dejar escapar el botín. El Leganés tenía el balón, pero no inquietaba al conjunto de Vázquez, que lo fiaba todo a explotar los espacios de un ‘Lega’ volcado, con Monroy como ejecutor de los contraataques. Y a punto estuvo este de sentenciar el encuentro en dos acciones similares, pero un disparo que se marchó alto y otro que obligó a hacer otra aparición a Antón, negaban esa posibilidad. La realidad es que ganar por dos goles este partido hubiera sido algo utópico, porque no sería propio del Adarve.

No se movería más el electrónico y los de rojo y negro terminarían el partido imponiéndose por la mínima, no sin sufrimiento. Para añadir más condicionantes a la hazaña, tenían que esperar un resultado que sí llegó. El CI Amistad perdió en su visita a Getafe y la película del Unión Adarve 2018-2019 terminaba de la mejor manera posible para los del Barrio del Pilar, que permanecerán un año más en División de Honor.

Declaraciones post-partido de Javier Vázquez (entrenador del U.D. Adarve)