La luz de alarma se ha encendido en el último escalón de Lezama. El Bilbao Athletic, el principal vivero del Athletic Club, se encuentra en una situación crítica al cierre del primer tercio de la temporada 2025/2026. A tan solo dos días de la décima jornada de liga, los cachorros ocupan la penúltima posición (19º) del Grupo 1 de Primera RFEF, con un balance de apenas 9 puntos tras nueve partidos disputados. Este registro contrasta dramáticamente con el séptimo puesto cosechado la temporada anterior (2024/2025), y pone en serio riesgo la permanencia en la división más exigente del fútbol no profesional.  

El peaje de ser el segundo equipo

La fragilidad competitiva del filial no se debe a un único factor, sino a la conjunción de una plaga de lesiones en el primer equipo y la propia dinámica formativa de Lezama.

La primera plantilla del Athletic Club ha sufrido un revés físico significativo. Lesiones musculares concentradas en septiembre y octubre de 2025 han dejado fuera a futbolistas clave como Nico Williams, Iñaki Williams y Oihan Sancet , la tripleta ofensiva más desequilibrante, además de las bajas de Mikel Vesga y Álex Berenguer. Esta concentración de ausencias ha forzado la ascensión de jóvenes del filial para completar las convocatorias, drenando al Bilbao Athletic en su momento de mayor necesidad.  

A esta fuga de talento se unen los movimientos del verano. El filial vivió una revolución en el mercado, registrando 15 bajas y 17 altas. Esta enorme rotación, aunque es lo habitual de un equipo formativo, hace casi imposible construir un bloque sólido y maduro para competir en la Tercera Categoría.

Por si fuera poco, los jugadores que ya marcaban diferencias han salido cedidos; Hugo Rincón busca minutos en La Liga con el Girona y Peio Canales brilla en Segunda con el Racing. Es la evidencia de que el desarrollo individual de las promesas se paga con el sufrimiento colectivo del filial.

La filosofía al límite

El cuerpo técnico del Bilbao Athletic, encabezado por Jokin Aranbarri , se mantiene firme en su propuesta táctica. Aranbarri, un entrenador con experiencia como delantero , defiende una idea de juego «valiente» y «de ir a por el rival» , alineada con los principios ofensivos del primer equipo.  

Sin embargo, esta filosofía, ideal para el desarrollo de los futbolistas, choca con la realidad de la Primera RFEF, donde la falta de resultados está castigando la inestabilidad de la plantilla. La necesidad de sumar victorias se enfrenta a un equipo al que constantemente se le exige desprenderse de sus pilares, lo que dificulta traducir la ambición táctica en puntos. Un descenso no solo sería un revés competitivo, sino que reduciría drásticamente la calidad del entorno de formación para las futuras promesas de Lezama.