Más de un suspiro, presa del nerviosismo, retumbaba en Vallecas. Hasta que, llegado el descuento, Aitor remataba un rechace de una jugada a balón parado para darle la victoria al Rayo Vallecano. El júbilo se desataba en el lado franjirrojo. Justo en el bando contrario, en el pacense, la desilusión se apoderaba de un equipo que, escasos minutos antes, podía haber cambiado el desenlace del encuentro. Vaivenes y situaciones del fútbol.
Porque, más allá del caos instaurado en los minutos finales, el partido adoleció de cualquier tipo de dinamismo y atracción para el espectador. Tampoco sería del todo justo culpar a los equipos, que no dejaron de competir y de aplicar una alta intensidad en todo momento.
Pero los nervios eran patentes, sabedores ambos conjuntos de que no conseguir algo de este partido podría ponerles en una situación delicada. Y se hizo presente una vez pasaron los diez primeros minutos del encuentro. Un partido a veces trabado, fruto de algunas faltas, que tampoco permitía que los equipos pudiesen elaborar con comodidad su juego.
Aun así, no faltaron algunas ocasiones, más allá de aquellas acontecidas al final del encuentro. Una de ellas obligaba a que Mario de Luis tuviese que intervenir en un disparo lejano (min.10). Su actuación fue soberbia, apareciendo en los momentos más importantes del encuentro. Destacaron también los acercamientos, casi consecutivos, de Dani Moreno para el Rayo Vallecano (min 40.) y de Kore para el CD Badajoz (min 42.). El primero de ellos, con un recorte en el área que le dejó en buena posición, aunque el disparo se marchó fuera. El segundo, con una buena carrera entre centrales que acabó con una mala definición al no haber demasiado ángulo. También hubo otra del propio Aitor, que se quedó muy cerca de la portería pero erró su disparo, debido a la desmesurada fuerza que aplicó al balón.
Con estilos bien diferenciados, con un Rayo Vallecano asumiendo el control de la pelota y un CD Badajoz preparado para posibles repliegues, el encuentro tuvo pequeñas alternativas que hacían presagiar que todo pudiera saltar por los aires, futbolísticamente hablando. A pesar de ello, lo cierto es que el final del encuentro depara dos mundos bien distintos. Por un lado, el de un Rayo Vallecano que empieza a soñar con los puestos de arriba y que su solvencia empieza a ser tónica habitual en cada encuentro. Por el otro está un CD Badajoz que se mantiene colista, a pesar de demostrar una competitividad bastante notable en todos los partidos.



















