Duelo de altura para cerrar la última jornada de la primera vuelta entre dos equipos que, en teoría, en septiembre iban a pelear por objetivos bastante diferentes. Pero la realidad es otra bien diferente, y Aravaca y Real Valladolid llegaban al choque en posiciones privilegiadas de la tabla y únicamente separados por un punto.
Aravaca CF 0 – 3 Real Valladolid
Para mantener sus buenas sensaciones en su feudo, Óscar Martos introducía de inicio lo que parecía que era una pequeña variación en su esquema habitual. Esta vez, la sensación era más bien que había desplegado a sus chicos en el campo bajo un sistema 1-5-2-3, dejando en el doble pivote a Elyph y Mario y dejando más libertad a dos extremos que hacían el campo más amplio, con Manu arriba, tras la baja de Dani Pascual. Además, uno de los centrales, Gómez, mantuvo una vigilancia permanente a lo largo del partido sobre Slavy, el pichichi de la categoría.

El Valladolid llegaba tras su remontada de la semana pasada en Getafe, lo que le insufló una dosis de moral para afrontar este partido, ya que venía de una racha negativa de varios partidos sin conocer la victoria. Para ello, Ricardo López no modificó demasiadas cosas y sacó un once de plenas garantías, respetando el 1-4-2-3-1 habitual, pero especialmente llamativo por la cantidad de ‘pólvora’ que introdujo de medio campo hacia delante.
Como declaraba el entrenador visitante en las declaraciones post-partido, el Real Valladolid había preparado un plan en el cual buscaban realizar circulaciones de balón en su zona de inicio para buscar juego directo mediante desplazamientos en largo, tratando estos de ser diagonales y buscar los espacios al costado de la zaga del Aravaca. Para eso metió en la zona de mediaspuntas a Carrión, Jesús Torres y Castri, cuya movilidad e intercambio de posiciones dificultaron mucho los marcajes de los jugadores locales.
Los goles de Amoah, Slavy y Torres sellaron la victoria blanquivioleta
El Aravaca no mostró la intensidad, la mordiente y el empuje de otras veces, pero se ha ganado el respeto de que todos los equipos que visitan el Antonio Sanfiz vayan a protegerse antes que a intentar hacerles daño. Y eso es mérito del trabajo de Óscar Martos y su cuerpo técnico.
El primer tiempo no fue demasiado vistoso. Algo normal en un campo de dimensiones tan reducidas, donde los rechaces y las segundas jugadas son más importantes incluso que la primera. Lo intentó en los primeros minutos a balón parado el Real Valladolid por medio de tres saques de esquina, donde en dos de ellos Carrión intentó el gol olímpico, pero Jacobo estuvo bastante atento. En el otro, Jesús mandó su testarazo por encima del larguero tras una acción de pizarra con aclarados para dejarle solo, muy bien ejecutada.
El partido pudo cambiar en el minuto 25, cuando los arlequinados tuvieron la ocasión más clara del encuentro. Una pérdida de Prada tras una conducción en el medio campo hizo que el cuero cayera a las botas de Mariete, que con un toque sutil habilitó a Manu con un gran pase elevado por encima de los dos centrales pucelanos. Una vez controló este, recortó y dejó a uno de ellos en el camino y con todo a favor disparó con su pierna menos buena, la izquierda, para enviar el balón fuera.

Mientras tanto, la tónica general del partido no variaba. Mantenía la posesión y el control del esférico el equipo visitante, pero no inquietaba a los locales, que si por algo se caracterizan es por tener las ideas muy claras a lo largos de los noventa minutos.
A pesar de que en el último cuarto de hora los vallisoletanos se proyectaron mucho más en ataque, con los dos extremos pegados a la línea y las continuas subidas de Íker y Alejandro Casado. Estas apariciones les hicieron llegar en varias ocasiones a la línea de fondo, pero sus buenos servicios no pudo materializarlos un Slavy que en este primer acto estuvo demasiado marcado y vivió de intentar quedarse todos los balones que venían directos hacia él y disputarlos con la zaga local.
Tras el descanso empezó mejor el Aravaca, más por la inercia de un juego poco elaborado que hizo mantener el partido prácticamente cinco minutos en el campo vallisoletano. Pero la jugada clave del choque llegó en el minuto 55, tras una falta en la zona de tres cuartos a favor del Valladolid. Fue Mario Maroto quien puso un centro peligrosísimo a la zona de interferencia entre portero y centrales para la defensa de un centro lateral. Jacobo decidió ser valiente y salir a por el balón, pero no logró blocar el cuero y quedó suelto para que el ganés Isaac Amoah a puerta vacía introdujera el esférico en la portería. Lo celebraron con gran efusividad los jugadores visitantes, conscientes de lo que valía este gol.
Y si esta acción le hacía daño al Aravaca, siete minutos después llegó la sentencia para los castellanoleoneses. Otra vez a balón parado, circunstancia que tantas veces ha aprovechado a su favor el Aravaca. Esta vez la fortuna no les sonrió, ya que ‘Pichichi Slavy’ asumió la responsabilidad de golpear directamente a portería y su disparó tocó en un hombre de la barrera para cambiar por completo la trayectoria del balón y hacer que para Jacobo llegar fuera imposible. Y ya de paso demostrar que tiene el don de los buenos delanteros, el oportunismo de aparecer para sentenciar un partido. Un jugador decisivo, que da puntos, y eso es lo que más vale en el fútbol. Esto mató a los de Óscar Martos, quien además en la acción del gol fue expulsado.
A partir de aquí el partido se tranquilizó, porque al Aravaca le habían hecho tanto daño estas dos acciones que no mostró capacidad de reacción tras la pegada de su adversario. En cambio, al Real Valladolid esto le interesaba, porque cuantas menos cosas pasaran de esta fase al final del encuentro, esto beneficiaba sus intereses.
Y pasó algo, pero también a su favor. En el minuto 80, tras una pérdida en la zona defensiva del conjunto madrileño, Slavy realizó una magnífica temporización con balón esperando la llegada de receptores de segunda línea. Levantó la cabeza y encontró la carrera de Jesús Torres, que en el mano a mano con un Aravaca volcado al ataque, definió con sutileza y su balón entró pegado al palo, paseándose por la línea de gol sin llegar a tocar la red. Pero el árbitro validó el gol a instancias de su juez de línea y el 0-3 subía al marcador para no moverse más.

Victoria vallisoletana en uno de los campos más difíciles de la categoría y ante un rival directo por su ubicación en la clasificación. Victoria de sacar el mano de trabajo, de mucho sacrificio y de las que más gustan a los entrenadores, por la entrega de sus jugadores y la unión que esto provoca en el bloque de futbolistas. Mayor refuerzo y disipación definitiva de cualquier atisbo de duda antes de afrontar la semana que viene un partido trampa contra el Atlético de Pinto.
Por su parte, el Aravaca aunque no mostró su mejor cara, se mantuvo voluntarioso hasta el final y queda en una posición plácida para enfrentarse la semana que viene al CD Móstoles URJC en lo que para su entrenador es “un partido de su verdadera liga”.



















