Aravaca y Rayo Vallecano se enfrentaban en un choque correspondiente a la octava jornada de liga, con sensaciones bien diferentes. El Aravaca pretendía seguir haciéndose fuerte en su feudo, y prolongar así el gran inicio de temporada que están completando los de Óscar Martos. El Rayo Vallecano, por su parte, buscaba la primera victoria a domicilio para mejorar sus sensaciones de los partidos anteriores.
El Aravaca se desplegaba en un clásico sistema de 1-5-3-2 con Jacobo; Óscar, Rubén, Fer, Víctor Blanco, Marcelo; Gómez, Elife, Mario; Dani, Marcos.
Miguel Ángel Ferrer ‘Mista’ disponía a sus jugadores en un 1-4-3-3 con Mario; Pablo, Arich, Gimeno, Raúl; Aarón, Pedro, Luis; Barragán, Dani Moreno, Monroy.
El partido empezaba con algún minuto de retraso por una rotura en la red de la portería del Rayo. Este iba a ser uno de los pocos momentos relajados y distendidos del partido.
Empezó mejor el conjunto franjirrojo, y la primera ocasión llegó a los 2 minutos, cuando Luis meredeó posiciones de frontal de área con opciones de disparo y decidió probar fortuna. Su chut no lo blocó Jacobo, que en la segunda instancia de la jugada volvió a atajar tras una falta de entendimiento con uno de sus centrales. Seguía empujando el Rayo y teniendo presencia en posiciones ofensivas y solo dos minutos más tarde, en un córner, un despiste de los jugadores del locales, que cambiaron el hombre en el primer palo previamente asignado en el vestuario, hizo que el balón enviado desde la esquina por el propio Luis se introdujera en la meta local tras ser desviada por un defensor.
En estos compases, el Rayo se mostraba como claro dominador del encuentro, mucho mejor posicionado, ganando los balones divididos, las segundas jugadas y con las ideas muy claras de lo que había que hacer. A partir del primer cuarto de hora, los arlequinados comenzaron a rondar zonas de campo rayista a través de su ya clásico juego directo. Eso les permitía que se jugara lo menos posible en su campo y a su vez, llevar el cuero a posiciones más cercanas al gol, aunque la mayoría de estos balones apenas inquietaba a la zaga rayista, que se mostró bastante firme combatiendo los envíos aéreos de su rival durante todo el partido.
Mista le pedía a los suyos que dieran ’algo más’, y estos le hicieron caso, ya que en el minuto 22 aumentarían distancias en el marcador precisamente con el mejor arma de su rival: de nuevo, el balón parado. En esta ocasión, el corner fue botado desde el lado izquierdo y Gimeno se elevó por encima de todos para cabecear picado y pillar a contrapié a Jacobo, que poco pudo hacer.
Y cuando parecía que el gol había anestesiado el partido a favor de los intereses visitantes, en una jugada muy rápida los locales se metían en el partido gracias a Mario, el mediocentro más adelantado del Aravaca, que se coló entre la defensa para disparar al palo largo de la portería defendida por su tocayo y recortar diferencias.
Este tanto volteó de nuevo las sensaciones del choque. A raíz de esta acción fue el Aravaca quien apareció con mayor frecuencia por las inmediaciones de la portería del Rayo Vallecano. El encuentro en este tramo sí se inclinó favorablemente para los arlequinados, que insistían en bombardear con balones diagonales y frontales a la zona de interferencia de los centrales y portero. Pero con el empuje no les bastó, y no dispusieron de más ocasiones claras antes de llegar al descanso.
Lejos del ritmo frenético imprimido por ambos conjuntos en la primera mitad, el juego comenzó en este segundo acto mucho más lento y pausado. Era como si ambos equipos estuvieran dándose un respiro mientras se tanteaban para dejárselo todo en un ‘rush’ final que fue trepidante. Ninguno de los dos equipos cambió su idea de juego. El Aravaca siguió intentando limitar el número de pases en su campo y aumentar el número de segundas acciones a disputar en territorio franjirrojo, y el Rayo aplicaba los conceptos asimilados durante la semana, siendo prácticos y eligiendo los momentos del partido en los que se podía rasear el esférico y en los que tocaba ponerse el mono de trabajo y batallar. Tanto fue así que, tras los cambios, con la entrada de Álvaro Moreno, el 1-4-3-3 viró en algo más parecido a un doble pivote con Aarón, para reforzar el centro del campo.
Pero hay una fase del juego que no entiende de cambios tácticos, ni de ideas de juego: el balón parado. Esta fase solo requiere de una atención máxima y de algo de suerte para estar en el momento oportuno, en el lugar exacto. Así llegó el empate del Aravaca, en el minuto 67. Seguramente, uno de los equipos con más envergadura de la categoría, envió a sus hombres más altos a rematar un lanzamiento desde la esquina. La primera jugada sí fue bien defendida por el Álvaro Moreno, que se impuso a su par, pero el balón no terminó de ser alejado del área vallecana y tras una serie de rechaces en los que el balón pasó prolongado de cabeza en cabeza, el cuero le llegó a Dani, quien a pocos metros de la portería de Mario remató de primeras para establecer la igualada. Este gol fue muy protestado por los jugadores del Rayo por posición antirreglamentaria del delantero, pero no obstante, subió al marcador.
El gol cambio el ritmo del partido. Cada balón parecía el último de un choque vibrante, que se había vuelto un correcalles. Los minutos iban pasando factura y el cansancio hacía mella en algunos jugadores del Aravaca, a los que les costaba replegar debido al trabajo que supone sobreponerse a un resultado adverso de dos goles. De eso quería aprovecharse precisamente el Rayo, que transitaba de forma muy vertical aprovechando los espacios que tenía por delante para correr. Esto les hizo provocar varios corners, en la recta final del encuentro. En uno de ellos, de nuevo, tras una mala defensa de la segunda de un balón parado, Monroy introdujo el cuero en la portería local, pero esta vez el asistente sí levantó el banderín en una controvertida decisión para los de la franja. Quizás, estos detalles son los que favorecen te cuando el equipo se encuentra en una dinámica positiva, y los que te dan la espalda cuando las cosas no terminan de salir.
Pero la necesidad del Rayo Vallecano les hizo tirar de garra y corazón en busca del tercer gol. El Aravaca ya sí que esperaba más replegado a lanzar algún contraataque con balones a las espaldas de los defensas del Rayo. El partido se mostraba imprevisible y el gol podía caer de cualquier lado, porque igual que los de Vallecas buscaban el tercero, el Aravaca aprovechaba el posicionamiento más avanzado de su rival y disponía de situaciones de igualdad numérica en más de una ocasión en el frente de ataque.
La sensación que había era que el más acertado se lo llevaba y al encuentro le quedaron dos ocasiones antes de acabar, una para cada equipo. La primera para los locales, tras un remate a bocajarro que nos dejó una de las paradas de la jornada por parte de Mario, que desvió el esférico a corner en una grandísima intervención cuando ya se cantaba gol en la grada. La otra, en el lado opuesto, llegó cuando el Aravaca ya daba por bueno el punto tras quedarse con diez futbolistas tras la expulsión de Rubén por ser el último jugador, al agarrar a Monroy cuando el delantero aprovechaba su jugada favorita: correr al espacio y encarar portería. En el descuento, le cayó el balón a Ares, y este, en el área pequeña libre de cualquier tipo de marcaje, disparó fuera con todo a favor cuando solo tenía que acariciar el cuero delante de la meta de Jacobo.
Finalmente el partido quedó en tablas, con fases y tramos para ambos conjuntos en el que los dos pudieron ganar y los dos pudieron perder, pero hubo algo en lo que sí coincidieron: todos se quedan con un sabor agridulce.