La temporada del Fuenlabrada está siendo de infarto y de una lucha constante por conseguir el objetivo de la salvación.
El comienzo no fue nada fácil. Los azulones eran un equipo sin carisma, sin intensidad sobre el campo y sin confianza. Esta última fue mermando a medida que pasaban los partidos y no se puntuaba.
Tras las primeras dos derrotas ligueras, en el tercer encuentro de la liga llegó el primer punto tras conseguir un empate ante La Cruz Villanovense en Moraleja de Enmedio. A pesar de ello, el ver al Fuenla colista comenzaba a ser común y esto hacía que los nervios empezarán a salir a flote, algo poco recomendable en un equipo suya única labor es conseguir la salvación.
Casi no habíamos llegado a los dos meses de competición y al dirección deportiva del Fuenlabrada decidió cesar al entrenador actual y contratar los servicios de Dani Pino para poder revertir la situación del club.
Dani llegaba al banquillo fuenlabreño tras pasar por la secretaria técnica de Unionistas y por los banquillos del Talavera B, Moralo y del Elche Juvenil División de Honor. Su experiencia en clubes senior y en un club de la categoría como el equipo ilicitano fueron los alicientes para darle la oportunidad.
Su debut tuvo un sabor un poco agridulce. Tuvo una prueba de fuego totalmente, ya que le tocó sentarse por primera vez en el banquillo fuenlabreño en Valdebebas para medirse al líder de ese momento, el Real Madrid. El partido acabó 3-2 pero el Fuenlabrada supo plantarle cara a todo un Real Madrid.
Los partidos fueron sucediendo y, aunque no se conseguía esa primera victoria, el equipo parecía otro. Jugadores intensos, sobre todo en segundas jugadas, que sabían muy bien lo que les pedía el míster en el campo. Las jugadas ensayadas a balón parado se convirtieron en su punto más fuerte.
A final de año se empezaba a hablar de que la posición del Fuenlabrada no reflejaba su juego. Era un equipo capaz de competirle a cualquiera y que se hacía muy fuerte en casa. A pesar de ello, solo sumaban de uno en uno y los primeros tres puntos de la temporada se resistían.
El mes de noviembre se empezaron a ver los primeros brotes verdes. A pesar de perder contra un rival directo como el Alcorcón, consiguieron sacarle un empate a Las Rozas en casa cuando estos iban séptimos y a la jornada siguiente volver a puntuar remontando un 2-0 al Móstoles para finalmente conseguir el 2-2.
El año nuevo le sentó bien a los de Dani Pino que aunque perdieron en el primer partido del año ante el Rayo Vallecano, empataron en la siguiente jornada ante el Alcobendas a cuatro un encuentro donde se fueron ganando 1-3 al descanso.
La primera victoria llegó. Esos tres primeros puntos se consiguieron en la jornada 21 ante todo un Getafe que llevaba 7 puntos de 12 posibles en los últimos cuatro partidos. Los fuenlabreños endosaron un 3-0 a los de Mario Otero siendo superiores en todo momento y consiguiendo así la victoria.
Esta victoria dio moral a un equipo que a la jornada siguiente consiguió su segunda victoria de la temporada y de forma consecutiva, fuera de casa, ante el Burgos. Los azulones empezaban a despertar y la ilusión de la salvación comenzaba a florecer.
Tras perder hace dos jornadas por solo un gol ante el Real Madrid y empatar en los anexos de Zorrilla ante el Valladolid, que es el tercer clasificado, la racha del Fuenla se traduce en dos partidos ganados, uno empatado y dos perdidos (Atlético de Madrid y Real Madrid) de los últimos cinco.
Todavía tendremos que esperar para ver como acaba Dani Pino pero lo que está claro es que la temporada del Fuenlabrada está siendo de infarto y en esta recta final veremos a un equipo correoso, que luchará hasta el 95 cada partido, sin darse por vencido y que apretará mucho esa lucha por el descenso.