¿Cómo llega?

Los ‘lobos’ acumulan otra final más de las muchas a las que nos llevan acostumbrando en este tramo final de liga. La supervivencia se ha convertido en su modo de vida, y esto puede ser una ventaja para ellos, ya que el filo del alambre parece el modo de vida donde más a gusto se manejan. Además, lo hacen con la tranquilidad del que sabe que está a punto de morir pero intuye que en el último momento vendrán a rescatarle. Su resumen de la temporada es muy claro: sufrir y afrontar las adversidades juntos sin dejar de remar en ningún momento, por muy fuerte que sea el temporal. La única motivación que puede tener un futbolista en una temporada con estas circunstancias es la creencia común de que esta directriz es la única que les va a hacer conseguir la oportunidad que tanto se merecen, anteponiendo las necesidades del bloque a las individuales.

Y después de estar 29 jornadas luchando, a la 30º llegó la oportunidad que tanto ansiaban. Inmersos en posiciones de descenso, con 31 puntos, llegan en su mejor momento de la temporada, como declaraba hace unas semanas su entrenador, Javier Vázquez, principal profeta de esta doctrina de unión y sacrificio global. No lo tendrán fácil, ya que se enfrentan a un Leganés que hizo los deberes hace dos semanas, que no tiene ninguna presión y que está con ganas de cerrar el año poniendo el broche de oro, como sería una victoria en casa ante su público. Lejos de suponerles relajación, esto debe ser un incentivo más para que los rojinegros acaben la temporada por todo lo alto: saliendo de las posiciones que dan acceso a liga Nacional después de ocuparlas durante la mayoría de tramos de la temporada con una victoria fuera de casa, ante una cantera de Primera División.

Pero como en toda historia, no todo es positivo. La parte menos buena es que no dependen únicamente de ellos, por lo que tendrán que estar mirando de reojo a lo que sucede en Aravaca, Getafe, Salamanca y Cáceres. Lo primero es hacer los deberes propios, y luego mirar, así que en estos noventa minutos tratarán de dejarse la piel para mejorar los números que tienen fuera de Ganapanes, donde únicamente poseen dos victorias en su haber, hecho que añadiría más gloria si cabe a su gesta. Su último mes está marcado por resultados que no concuerdan con sus sensaciones, ya que las derrotas fuera de casa contra Rayo Vallecano y Real Valladolid son muy engañosas en cuanto al marcador, pero sí son coincidentes con sus impresiones en las victorias ante Almendralejo, Rayo Majadahonda y empate ante Aravaca.

Claves

Eficacia goleadora: El Adarve es el tercer equipo más goleador de los que luchan en esta última jornada por evitar el descenso, únicamente superado por Diocesano y Getafe. Pero como a lo largo del año, al Adarve no vale medirle por los números, sino por la fiabilidad que muestran en los dos últimos meses de cara a puerta. Genera situaciones de peligro, al igual que durante toda la campaña, y tiene varios registros en los que destaca anotando, como el balón parado. La diferencia es que los ocasiones que antes se iban a la grada o rechazaban en el portero rival, ahora tocan al palo y se meten en la portería. Todos sabemos lo importante que es llegar enrachados de cara a puerta a un final de liga, y el Adarve llega en pleno apogeo en esta fase.

Bloque unido: Las circunstancias de dificultad antes mencionadas hacen que un grupo, una vez esquivados esos contratiempos, se vuelva mucho más fuerte de lo que ya era. Muestra de ello es que Javier Vázquez, aunque tiene su columna clave de jugadores habituales, pocas veces repite un once. El resultado muestra que, haciendo varios rotaciones en puestos muy sensibles y específicos como puede ser la pareja de centrales o un acompañante en medio campo en ese 1-4-4-2 tan habitual, los jugadores que han entrado han demostrado un nivel magnífico, haciendo olvidar las bajas y elevando incluso el nivel del equipo. La unión que muestran los jugadores, animándose en cada acción y dejándose todo en el campo asegura que van a pelear por el objetivo hasta el pitido final del encuentro.

Kike y Monroy: Si bien el equipo destaca por su rocosidad como bloque, siempre hay actuaciones individuales que decantan partidos, por genialidades o jugadas aisladas. El caso de Kike, que se siente como nadie en la zona de mediapuntas, es el más claro ejemplo de que no hace falta meter gol para ser una y otra vez de los mejores de su equipo. La calidad que muestra cada vez que le llega el balón ayuda mucho al equipo en sus transiciones con un gran último pase. De este último pase suele aprovecharse Monroy. El pichichi del Adarve llega viendo puerta estas últimas semanas y es la opción más fiable de los visitantes para materializar las ocasiones de peligro, siempre trabajando y corriendo como el que más en labores defensivas.