Tras 17 jornadas disputadas en División de Honor, podemos hacer un balance de cómo esta transcurriendo la temporada más atípica de la historia para Los Yébenes San Bruno.

Tras la euforia de un ascenso, más que merecido para el conjunto entrenado por Adrián Román, comienza una temporada historia para un club de barrio. Ilusión, trabajo y, sobre todo, muchas ganas de poder realizar un gran papel ante los mejores equipos de España. La planificación deportiva siempre es complicada en División de Honor y más para aquellas canteras humildes como la de Los Yébenes San Bruno. Un equipo que lleva desde su fundación acogiendo futbolistas de su barrio para que puedan cumplir su sueño de jugar. Además se inculcan unos valores a través del deporte, clave en este tipo de categorías.

El Covid-19 ha perjudicado mucho a un club que, gracias a Adrián Román, ha crecido exponencialmente durante los últimos años. El equipo ha pasado de Autonómica Juvenil a División de Honor, logrando así una evolución deportivamente positiva para el club. Qué importante es llegar a tu objetivo y no fallecer en la orilla. La inexperiencia en la categoría, sumado a las dificultades para realizar fichajes para poder tener una calidad similar a la de los rivales que pelean por tus objetivos, hace una fórmula cuyo resultado es sufrir para mantener la categoría.

Todos estos datos ya eran conocidos para el club antes de empezar la temporada. No es ninguna sorpresa ni el nivel de la máxima categoría juvenil en España. Ni las diferencias económicas y deportivas entre los clubs que integran la categoría, varios de ellos reconocidos a nivel mundial como el Atlético de Madrid o el Real Madrid. Sin embargo, el formato de competición a causa de la pandemia agrava aún más la situación de equipos humildes, favoreciendo este formato a los grandes clubs de División de Honor.

Más descensos, más probabilidad de perder la categoría. Esto es una afirmación que todos los clubs conocen, más si cabe conjuntos como La Cruz Villanovense o Los Yébenes San Bruno. Esto se debe a que son conjuntos nada acostumbrados a que sus juveniles jueguen en esta categoría.

A pesar de todos los problemas venidos y por haber, la esperanza es lo último que se pierde. Para algunos futbolistas, estar en División de Honor es un premio absoluto a varios años de esfuerzo. Más si cabe premio es para el club, que disfruta por primera vez en su corta historia de esta categoría. Los partidos que quedan deben ser una autentica fiesta. El resultado es lo de menos ya que, al fin y al cabo como afirman desde el club: Esto es un sueño y para descender, primero hay que estar aquí. Y para estar aquí, hay que haber llegado…