Si eres muy fan de ‘La Casa de Papel’ seguramente hayas oído hablar de un plan ideado por ‘El Profesor’: el ‘Plan Camerún’. La serie española más mediática hasta ahora de Netflix, guardaba reflexiones sociales muy interesantes detrás de los planes de su protagonista relacionados con la Copa del Rey.

En uno de ellos se recreaba una hipotética situación cuyo escenario era un partido de fútbol, donde se enfrentaban Brasil contra Camerún. Y Álvaro Morte le preguntaba a sus pupilos de atraco que ante una tesitura así, de qué lado se pondrían ellos. La reacción del resto del reparto fue unánime: “Ganará Brasil, pero todos vamos con Camerún”.

Y esa era la moraleja que quería reflejar el protagonista. Ante situaciones de desigualdad, todos tendemos a posicionarnos del lado del más débil. Es algo que va innato en el ser humano.

Cuanto más veo la Copa del Rey ‘de los modestos’ que ha montado Rubiales, más me acuerdo de esta escena. Es innegable que el formato a partido único llena de atractivo a un torneo desprestigiado y sin esencia desde hace años, precisamente por su configuración.

Quitando a la afición del Atlético de Madrid, todos nos alegramos del gol de la Cultural Leonesa en la prórroga de hace una semana. Sergio Benito remató ese balón a la red en el minuto 108’, empujado por tantos y tantos en una cabalgada antológica que quedará para siempre grabada en su memoria y en la historia de su club.

A partir de ese instante, todos defendíamos los balones aéreos colgados al área por el conjunto de Simeone. Y nos habríamos tirado al suelo a fingir una lesión si nos lo hubieran pedido. Pensándolo bien, no tiene tanto mérito la clasificación de la ‘Cultu’, porque era un partido de once contra millones de personas.

Y qué me dicen de Pablo Infante. Cómo no recordar esa calva que nos deslumbró hace años llevando al CD Mirandés del Grupo 2 de 2ºB al cielo. Corría el año 2012 y España entera se llenó de burgaleses en el exilio, que encendían el televisor entre semana a la hora que el conjunto de Miranda de Ebro jugaba sus partidos, como si de una primera cita se tratase.

Yo llegué a pensar que los defensores de equipos de 1º División, hipnotizados por la hazaña, se dejaban desbordar por ‘El Iván de La Peña del Mirandés’, que por momentos se disfrazaba de Maradona y se erigía en máximo favorito para llevarse el Balón de Oro de ese año. Y lo más mágico de la historia era que al día siguiente, después de dejar en la cuneta a Villarreal, Racing de Santander y Espanyol, sonaba la alarma y tenía que seguir actualizando libretas en su sucursal bancaria de Burgos.

Una vez leí una frase de Álvaro de Grado, periodista de Marcador Internacional, sobre el Leicester de Ranieri, Kanté y Vardy que hablaba sobre esto. “Se ha generado un clima de unión en el mundo donde hasta los hinchas oponentes, que ese día se enfrentan a ellos, firman perder si implica que los de Ranieri ganen la Premier League”.

Son historias bonitas, que nos gustan tanto porque nos identificamos con los protagonistas. Porque hacen terrenal lo imposible. Nos identificamos con el héroe anónimo que la vive. Porque son deseos frustrados, que albergan en nuestro interior una esperanza de por qué no ser nosotros los que algún día consigamos una meta de ese calibre.

Lo mismo pasa con la DH5. Si hace exactamente una semana me dicen que vote en ‘La Quiniela de JDH’ el ganador del partido entre el Atlético de Pinto (último clasificado) y el Atlético de Madrid (1º) me habría jugado hasta el patrimonio que no tengo, que es mucho más del que tengo. Con los ojos cerrados, como Remedios Cervantes al elegir entre la sal o el azúcar. Y desgraciadamente para mí, se me habría quedado la misma cara que aquel concursante de ‘Atrapa Un Millón’ al que acompañaba la actriz.

Y ya, pase lo pase, nadie le va a quitar a ese grupo de chavales que se juntan en Pinto varios días a la semana para hacer lo que más les gusta, y con el objetivo de que lo puedan seguir haciendo sus predecesores en la misma categoría, la sensación del pasado sábado. Porque Albalat, goleador del Pinto en aquel partido, seguro que antes de meterse en la cama la noche del sábado al domingo repitió infinidad de veces esa jugada en su mente.

Igual que le pasaba a Marcos Talavera, delantero del Unión Adarve, que vivió en la remontada de su equipo en Ganapanes contra el Real Madrid de esta temporada algo para ellos como “ganar la Champions, la Liga y la Copa”.

Incluso, a muchos les vale con hacer un buen partido contra los grandes, con la conformidad de dejar un poso de buenas sensaciones en su conjunto para afrontar el choque de la semana siguiente. La mayoría de asistentes al Barrio del Pilar aquella fría tarde de domingo pensarían que estaban destinados a resignarse en la derrota de su equipo, porque era lo normal. Ahí encontramos la diferencia entre los buenos y los mejores. Entre los conformistas y los soñadores.

Es la magia del fútbol. De un fútbol que lucha contra la ‘SuperChampions de los elegidos’ precisamente porque ya no viviríamos momentos como este. Porque si eliminamos de la ecuación a los humildes no dejamos lugar a la sorpresa. Porque eliminamos la esencia del deporte, sustituyéndola por algo insípido, plano y sin alma. Como saber la respuesta antes de formular la pregunta.

Me niego a reducir la Liga a un partido de ida y vuelta entre Real Madrid y Atlético de Madrid. Porque lo bonito del resultado es el proceso que te lleva hasta él. Por eso disfrutan tanto los entrenadores en la victoria. Por haber sido capaces de imaginar y desarrollar en su mente un escenario antes que nadie.

Porque el periodismo nació para contar historias. Historias como que el Aravaca lleva años sin perder los dos enfrentamientos contra Real Madrid y Atlético de Madrid en una misma temporada. Historias como las del Leicester, Mirandés, Adarve, Pinto o el mismísimo Camerún.