El Coronavirus ha llegado para quedarse. No como mis ganas de estudiar en la universidad, que se esfumaban más despacio de lo que quería, pero mucho más rápido de lo que deberían. Ojalá estas hubieran ofrecido la décima parte de resistencia a permanecer en mí de lo que se está hablando del dichoso virus.

De haber sido así, ahora en vez de estar redactando este artículo estaría escribiendo una tesis doctoral sobre medicina nuclear. Como no lo es, de aquí en adelante hablaré igualmente de términos acabados en –itis o –gía, pero dando mi opinión, que mola más.

Cuando salió a la luz el ‘fenómeno Coronavirus’ que tiene alarmada a gran parte de la población mundial lo primero que hice fue acordarme de antepasados suyos que algún día nos hicieron vivir una situación similar. Ya nadie se recuerda a su primo ‘Ébola’, que vino en avión desde tierras africanas. Y no precisamente en clase turista…

¿Y la Gripe Aviar? Una serie de pollos que propagaron una pandemia mortífera más rápido de lo que se tarda en comer un muslito. Los culturistas, echándose las manos a la cabeza porque el arroz se les quedaba insípido… y nosotros, alarmados. Por ellos, no por la gripe.

Cómo ha tenido que ver el panorama Lorenzo Milá, el bueno de los hermanos Milá, para salir haciendo una conexión en directo desde Italia y poner un poco de cordura, recordando lo más evidente de todo. Es una gripe, con menor índice de mortalidad que un catarro que pueda coger cualquier hijo de vecino.

Su frase: “Pero, chico, parece que se extiende más el alarmismo que los datos” sí debería volverse viral para hacer autocrítica sobre el grado de permeabilidad que mostramos ante ciertos sucesos.

Empiezo a pensar que el Coronavirus sí es un asunto de estado, porque hasta el hombre más querido por toda la faz de la tierra (menos por Nick Kyrgios) se ha manifestado. Don Rafael Nadal lo bautizó como “psicosis”.

Tal es el nivel de nerviosismo que se habla de suspender los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Y lo que es peor… ¡Las fallas! Sí que estaremos mal los españoles para perdonar una fiesta…

Sabes que una generación está mal cuando sus estudiantes de Erasmus piden volver de Italia, la cuna por excelencia de la falsa vida universitaria, para regresar a España.

Siempre he pensado que los chinos comen con palillos solo para disimular tanta superioridad sobre el resto de la población. Mientras que en China construyen un hospital en diez días, nosotros compramos mascarillas a precio de un descafeinado en Starbucks. Un negocio redondo.

Ahora el virus ha llegado a España. Como siempre, nos enteramos de todo tarde y mal. Y los dos casos de Madrid, ingresados en el hospital Carlos III. Al igual que pasa en las universidades, hasta un microorganismo ha preferido ingresar en el Carlos III antes que en el Rey Juan Carlos. El virus es virus, pero no tonto.

Lo mismo me pasa con la DH5. El otro día vi a un grupo de futbolistas taparse la boca para hablar mientras el juego estaba detenido. ¿A nadie se le ha ocurrido pensar que igual lo hacían para no contagiarse entre sí? Sea como sea, la medicina y el mundo del fútbol están íntimamente relacionados.

El Real Madrid tiene el ‘Síndrome de Diógenes‘. Y le pasa con muchos apartados. Acumula victorias, goles y alegrías de manera obsesiva pasando por encima de la mayoría de sus rivales. Y como todas las obsesiones de este calibre, su manía por agrandar la sala de vitrinas con un nuevo título de División de Honor proviene del trauma de no haber podido conseguir las dos últimas ediciones.

El Atlético de Madrid es como el Doctor House. Desagradable, antipático, con cara de pocos amigos y algo borde, pero el mejor en el suyo. No pretende caerle bien a nadie, solo se marca el conseguir sus objetivos al final del año como un buen profesional, y dar un servicio con el que la gente quede satisfecha. Al igual que en la serie, se les acaba cogiendo mucho cariño a los chicos de Carlos González.

El Real Valladolid es como el Dalsy que nos gustaba tomar de pequeños. Todavía no he encontrado a nadie que diga que no le guste, como pasa con el conjunto de Ricardo López.

Lo peor de hacernos mayores fue el cambio del jarabe de naranja por el Ibuprofeno en pastillas. Y lo mejor, que podemos disfrutar de una generación de chavales que nos deleita con su juego y que están en edad de tomarlo. Y por si fuera poco llega Slavy, ‘El Enfermero de la DH5’ y te vacuna.

Al Rayo Vallecano le ha tocado este año lidiar con una de las peores plagas del mundo del fútbol: las lesiones de larga duración. Si con la temporada prácticamente sin estrenar vivieron la dura lesión de ligamento cruzado anterior de Pedro, mediocentro de gran calidad, hace pocas semanas desgraciadamente le tocó el turno a Álvaro Moreno.

Una de las caras que no vemos en el fútbol, pero que también forma parte del deporte, y que sin duda hace más fuertes quienes las padecen.

Del Getafe CF si hablamos de medicina, me acuerdo de un ‘tuit’ que leí esta semana del analista de datos, MisterChip. En su texto, advertía al Ajax de los peligros de visitar la consulta odontológica del Getafe. Y tenía razón.

Visitar la Ciudad Deportiva azulona implica el mismo dolor que sacarte las muelas del juicio, ajustarte los’ brackets’ y hacerte algún que otro empaste. Y todo ello, sin anestesia. Si en vez de Bordalás hubiera leído ‘Gary’, me cuadraría perfectamente que estuviera hablando del Juvenil ‘A’ de getafense.

El Rayo Majadahonda es como un osteópata. Nadie le da el valor que merece porque no tiene el impacto social ni mediático de otros. Pero la credibilidad no se impone, se demuestra. Y cuando no encuentras solución a tus problemas, por mucho que hayas criticado, acudes a tu última opción depositándole todas tus esperanzas.

Y los majariegos siempre encuentran la forma de resolver el problema. Todo ello en un clima de tranquilidad, con una música de fondo que invita a dejarse llevar y disfrutar de la mística del entorno.

El AD Alcorcón es el típico médico recién salido de la facultad con un expediente intachable. En la dicotomía de una lesión, prefiere optar por un tratamiento conservador antes que por operar. Se agarra a la teoría estudiada y aplica uno a uno los pasos del manual para llevar una buena recuperación. Afrontan el proceso con la confianza y seguridad de que si siguen la hoja de ruta, la mejoría será la consecuencia de su buen trabajo.

El Aravaca CF es todo lo contrario. Operar antes que alargar el sufrimiento. Intervenir antes que esperar. La rebeldía de los modestos frente al refinamiento de lo sofisticado. El ‘Rock and Roll’ y el ‘Heavy’ antes que el ‘Vals’ de Salón. Mourinho y Klopp antes que Pep Guardiola. Los ‘Bad Boys’ de Detroit Pistons antes que los Chicago Bulls de Jordan.

Al abordar este tema, el CD Leganés lo asocio a Pepino, uno de los personajes de la película española ‘Planta 4º’. Una historia dura, trágica por momentos, que se desarrolla en un hospital. Pero que tiene sus momentos de alegría y que nos enseña que el deporte y los amigos son dos de las mayores fuerzas para luchar contra cualquier contratiempo. Lo único que cambia en esta historia es el baloncesto por el fútbol.

El UD Adarve es como una piedra en el riñón. No es grave ni te vas a morir de ello, pero la tienes ahí, y eso molesta. Es difícil de curar, perseverante, requiere de mucho trabajo, constancia y de hacer los procesos indicados con delicadeza. Y encima, se manifiesta de color rojo.

El ejemplo de que los detalles marcan el devenir del futuro. Y cómo cuida los detalles Borja Bardera

Creo que el Burgos CF hace padecer a todo aquel que pasa por Pallafría el ‘Síndrome de Estocolmo‘. Los burgaleses, con un ambiente de partido dominical de antaño, seducen y embaucan a los equipos visitantes.

Les hacen pernoctar en una burbuja que no se pincha porque te manipulan, hasta tal punto que es imposible hacerles daño por el cariño desarrollado hacia ellos. Y cuando quieres reaccionar, es tarde.

Si viajamos hasta Móstoles nos encontramos con un enfermero de profesión: Pablo Bueno. Por las mañanas el míster de los mostoleños se dedica a cuidar y realizar tratamientos en su puesto de trabajo. Y por la tarde, lo alterna con su gran pasión, el fútbol.

Él es el encargado de poner parches y reanimar a un CD Móstoles URJC que pasó del quirófano a estar en observación. La evolución es favorable, pero no definitiva, y sus chicos deberán encomendarse a un profesional de esto si quieren mantenerse con vida.

El CD Badajoz es como una lumbalgia. Algo menospreciado, porque todos lo conocemos vulgarmente como ‘lumbago’ pero no por ello menos importante. El equipo de Germán Rojas se ha pasado la temporada mirando hacia abajo, pareciendo que no tenía capacidad de reacción, inmóvil.

Con el paso de las jornadas se ha demostrado que lo aparatoso de la situación solo era fachada, y llega a este tramo final más recuperado que nunca. Este muerto está muy vivo.

Del UD Santa Marta me sorprendió cuando les vi lo bien que iban por arriba, a balón parado. Me impresionó por estar plagado de jugadores físicos y con mucha potencia.

Y ese es uno de los puntos clave que pueden aprovechar en esta fase decisiva de la temporada. Los del río Tormes deben jugar sus bazas para aprovechar la estrategia y hacerle pagar el ‘mal de altura’ a todos los equipos contra los que se enfrenten.

El Extremadura UD como diría el bueno de Lopera “está en la UVI”. Los extremeños son como el estereotipo del enfermo de las películas que se debate entre la vida y la muerte, al que le tienen que despertar con unas paletas y descargas para reanimarle.

Su temporada ha sufrido picos, pero cuando todos le daban por desahuciado, sacó fuerzas para arrebatarle un punto al líder de la categoría hace siete días. Veremos si son sus últimos coletazos.

El Atlético de Pinto tiene Alzheimer, pero selectivo. El conjunto de Jesús Núñez parece que ha dejado atrás los malos recuerdos del principio de temporada, y pretende acordarse únicamente de la gesta conseguida ante el Atlético de Madrid, o de la racha de victorias de hace unas pocas semanas.

Dentro de poco sabremos si acaban como José Coronado en ‘Vivir sin Permiso’ o como Richard Gere en ‘El Curioso caso de Benjamin Button’.

Igual no tengo el Grado en Medicina, pero voy a proponer una solución que creo no se le ha ocurrido a nadie. Yo me olvidaría de las mascarillas e instalaría un ‘Avast’ mundial. Igual no protege del Coronavirus, pero solo por escuchar de nuevo eso de: “La base de datos de virus ha sido actualizada” merecería la pena.