La Real Federación Española de Fútbol continúa con la maravillosa idea de acercar el deporte rey español por todos los rincones del país. Para dar a conocerse y a conocer a sus equipos, esta vez le tocó el turno de presentación a la Selección Sub-21, con motivo de la celebración de un partido clasificatorio para la Eurocopa de Hungría y Eslovenia de la misma edad. Y la sede, Alcorcón. Santo Domingo respiraba fútbol por los cuatro costados, a pesar de lo intempestivo de ser un jueves laborable, de la oleada de frío presente durante todo el partido de la ’Rojita’ y de enfrentarse a un rival, a priori, más débil como Macedonia del Norte.

España 3 – 0 Macedonia del Norte

11 inicial de España Sub-21

Sorpresas en la alineación del seleccionador nacional, Luis de la Fuente, tras no incluir de inicio  a jugadores contrastados en Primera División, como el caso de Pedro Porro o Marc Cucurella. O la introducción de jugadores en la partida más desconocidos mediáticamente, como Pepelu. Jugador que, por cierto, es propiedad del Levante y un fijo en las alineaciones del CD Tondela, en el campeonato nacional portugués. Y por algo será, ya que el faro del equipo luso fue el mejor en el arranque de partido, ayudando como pivote más cercano a los centrales españoles en la salida de balón e incrutándose en su línea para frenar el juego directo del conjunto macedonio. La otra gran figura del partido sería Manu García. El mediapunta del Sporting de Gijón vivió muy cómodo a la espalda de los mediocentros macedonios y a partir de ahí aprovechó su ventaja para guiar todos los ataques de su equipo. Y en uno de estos, en el minuto 6, dejó la jugada de la noche. Recibió un pase diagonal de Óscar Rodríguez, orientó su control para zafarse del primer marcador e inició una conducción en la que iría eliminando rivales hasta quedarse solo delante del portero visitante, que nada pudo hacer ante la soberbia definición del asturiano.

La Selección se impuso con goles de Manu García, Serafimov y Adrián Pedrosa

Pero esta vez, además, la selección incluyó en su registro lo que muchos aficionados pedían: la verticalidad de medio campo hacia delante. España supo elegir los momentos en los que controlar el partido era una necesidad y los momentos que había para imprimirle un par de marchas más a la velocidad del juego con pases al primer toque y desahogando el juego por el carril, donde permanente esperaban abiertos Alejandro Pozo y Ferrán Torres. Mención especial a este último, quien cuajó una soberbia actuación en el partido de ayer, haciendo gala de su descaro, encarando una y otra vez a Filip Antovski, lateral izquierdo de Macedonia. En los primeros 15 minutos el valenciano ya había acumulado, al menos, cuatro centros laterales peligrosos, alguno de los cuales estuvo a punto de introducirse en la meta del conjunto que ayer vestía de blanco.

La superioridad española era tan manifiesta que Macedonia reajustó sus piezas, mutando su sistema de partida 1-4-3-3 en un 1-4-4-2 donde pretendían estar más ordenados, con una mayor cantidad de ayudas y vigilancias sobre los internacionales españoles. Su plan de juego no pudo ser otro que intentar lanzar el balón lejos, a la carrera de sus dos delanteros para intentar sorprender a una zaga española, comandada por Eric García, muy sobria durante todo el partido. El conjunto dirigido por Blagoja Milevski es un buen equipo, ya que va segundo de grupo en la lucha por la clasificación para el Europeo. Pero es lo que tiene España si está entonada, que te hace de menos.

A pesar de eso, la primera parte no terminó de cerrarse para el combinado nacional, que no aprovechó las ocasiones con sendos disparos desde lejos de Pozo y Óscar Rodríguez antes del descanso y el partido seguía en un puño. A Luis de la Fuente, a pesar de la superioridad manifiesta de su selección, lo que veía no terminaba de convencerle, quizás por un bajón lógico de sus chicos causado por jugar tanto tiempo a un ritmo tan alto. Pedía intensidad a los suyos y recuperar el balón lo más pronto posible tras perderlo.

Celebración de Manu García, en el 1-0.

En la segunda parte, el partido prácticamente pasó a una segunda instancia, porque ayer en Alcorcón la sensación era Ansu Fati, una figura de tan solo 17 añitos que ha tenido una irrupción en el panorama futbolístico tan fulgurante como su capacidad para eliminar defensores rivales. Hecho este, que le ha otorgado la posibilidad de recordar para siempre el 14 de noviembre de 2019 como el día en que debutó con la selección española sub-21 en partido oficial. Los niños esperaban expectantes cualquier momento de contacto del futbolista con balón y la mayoría del público, canteranos del AD Alcorcón con sus respectivos padres o madres, vibraban cada vez que el protagonista de la noche tocaba el esférico.

Impulsados por ese espíritu juvenil y de lozanía, el resto del conjunto español salió con muchísima fuerza para dejar sentenciado el choque lo antes posible. Y así fue nada más salir por la bocana de vestuarios, cuando en la primera jugada Ferrán Torres puso un gran balón al corazón del área que introducía involuntariamente en su meta el central diestro de Macedonia, Nikola Serafimov.

Y una vez subido el segundo tanto al electrónico, España se dedicó a tener realizar una conservación del balón de prácticamente 45 minutos. Anestesió y durmió el partido, encontrando el balón con facilidad siempre como mínimo a dos destinatarios posibles. Consecuencia de ello, y casi sin querer, las ocasiones se sucedían casi por inercia. Sin maldad, porque los 22 protagonistas eran conscientes de que con el segundo gol Macedonia del Norte levantó la bandera blanca. Eric García no logró conectar un cabezazo entre los tres palos tras un corner botada por Ferrán en el minuto 56. Y en el 64’ fue el lateral derecho, Aitor Buñuel, quien remató de primeras una falta ensayada precedida de un centro raso, propiedad del laboratorio de Luis de la Fuente.

Los cambios se sucedían y el partido empezaba a coger tintes de amistoso o exhibición, más para el recreo y disfrute de los allí presentes que de partido oficial. Así que, con todo resuelto, el principal atractivo era ver si Ansu Fati mostraba el mismo desparpajo al que nos ha tenido acostumbrados en los 157 minutos de Liga disputados con la primera plantilla del FC Barcelona. Se le vio algo inseguro, e incluso, un poco atenazado por el escenario. El extremo de la selección se limitó a soltar el balón de primeras y de cara la mayoría de las veces, para ir ganando en confianza y no perder pases fáciles. También se le vio con ganas de agradar, aunque un tanto timorato, sin terminar de estar suelto. Y es algo lógico a todas luces, ya que no debemos olvidar que todavía no tiene la edad suficiente para conducir o votar. Lo intentó un par de veces, y en una de ellas tras realizar un caño que hizo el deleite de los aficionados, fue derribado en falta en la frontal del área. Los jugadores españoles, en un gran gesto de compañerismo, y conscientes de que todos los focos apuntaban a Ansu, decidieron dejarle el balón y encargarse de tirarla falta por encima de la barrera, y del marco de Jankov.

Ansu Fati, antes de lanzar una falta.

Sin muchos más sobresaltos para ninguno de los dos equipos transcurrió este segundo acto hasta que en el minuto 86, una serie de rechaces en el área tras una transición muy rápida comandada por Ansu Fati, terminó con un centro de Sergio Gómez hacia el segundo palo, donde llegó tras recorrerse todo el campo Álvaro Pedrosa. Al lateral izquierdo del Alavés, tras estar todo el partido proyectándose en ataque, todavía le quedaron fuerzas para empalmar el cuero e introducirlo por el palo corte de la portería del fondo alcorconero y establecer el definitivo 3-0 en el marcador a favor de la selección.

Broche de oro a un partido que sirvió para dejar con pie y medio a los ‘mirlos’ de esta Selección Sub-21 en el Europeo que se disputará el verano que viene entre Hungría y Eslovenia. El próximo encuentro lo disputarán a domicilio contra Israel, que tras la derrota de ayer de Macedonia del Norte, queda como segundo del Grupo F, siguiendo la estela de una España que va a Tel Aviv con la intención de certificar su billete para otra aparición en un torneo de renombre en categorías inferiores.