Se cumple un año del ascenso histórico del Atlético de Pinto a División de Honor y en esta tanda de entrevistas con la gente que lo vivió desde dentro hoy es el turno de Antonio Vázquez. El delegado que estuvo al pie del cañón del juvenil A durante cinco temporadas anunció hace unos días su retirada del mundo del fútbol. Hemos querido hablar con él acerca de su rutina diaria como delegado y rescatar un poco el lado emocional de esta profesión con los momentos vividos por Antonio Vázquez en Pinto. Un delegado que ha dejado huella en el club y que siempre estará en la memoria de todo aficionado pínteño.

Quería empezar preguntándole por su relación con el club. ¿Cómo llegó al Atlético de Pinto?

Yo soy de aquí de Pinto y de alguna manera lo seguía en la distancia. Mi hijo jugaba en el Getafe y, lógicamente, cuando tienes un pequeño en casa te dedicas enteramente a él. Entonces, llegó un momento en el que salió de Getafe por diversas circunstancias. Se vino a Pinto y empezó a jugar en cadetes y a entrenar a los pequeños. Fue cuando el coordinador del Pinto me pidió que le echara una mano para hacer un poco de pantalla con los padres. Ahí fue cuando empecé en el Atlético de Pinto.

¿Cómo ha evolucionado desde sus inicios en el club hasta la fecha de hoy?

Mi hijo se marchó a Estados Unidos a estudiar y en ese momento pensé en dejarlo, pero me pidieron desde el club que aguantara. Al fin y al cabo el vacío diario que dejó mi hijo con el fútbol lo iba a notar, así que decidí continuar. Empecé con un equipo de pequeños donde estuvimos tres años. Y una vez terminada esa etapa fue cuando entré con los juveniles. Me propusieron ser delegado del juvenil A y acepté el cargo. También cuando la normativa lo permitía hacía de delegado del Tercera División, pero llegó un momento que cambió la regla y me quedé con los juveniles.

Durante su etapa como delegado, ¿tiene algún acontecimiento especial que llevará consigo en la memoria?

Tengo muchos recuerdos durante esta época. En la cabeza tengo el primer año con el juvenil A. Ese año descendimos de una manera injusta. Fue el colmo de las desgracias, de la mala suerte, fue un disgusto bastante grande porque el equipo no mereció bajar de categoría. Era duro ver a los chavales llorando como magdalenas y tú, que estabas igual, tenías que tirar de ellos.

El año siguiente también guardo buen recuerdo porque se consiguió de nuevo el ascenso a Nacional, pero fue una situación rara. Hubo un cambio de entrenador en la última jornada y fue una sensación agridulce por el hecho de estar contentos por el ascenso, pero tristes por no estar en el último partido quienes estuvieron durante toda la temporada.

El año pasado por estas fechas estábamos celebrando el ascenso a División de Honor. Fue un año inolvidable, de mucho trabajo, mucha ansiedad. Teníamos la idea muy clara desde el mes de agosto, todo el mundo estaba metido y quería el ascenso. Se consiguió y fue algo histórico en el club. El ascenso a División de Honor se celebró durante mucho tiempo y ese día a mi me traicionaron los nervios y me entró una llorera increíble. Toda la tensión de la temporada se liberó en ese momento.

Y este año empezó la temporada con Mario Otero a la cabeza y toda la ilusión del mundo. Evidentemente había una consigna clara que era saber de donde veníamos, la primera palabra que había en el vestuario era humildad. Sabíamos que en condiciones normales no podíamos competir con las grandes canteras y en uno de los grupos más fuerte de la categoría. Aún así, lo que estaba claro es que nadie nos iba a quitar las ganas y la ilusión de disfrutar de esta maravillosa categoría.

Leí en la carta de despedida que publicó que la profesión de delegado no tiene el foco de los medios. Sin embargo, hoy va a ser la protagonista y quería preguntarle ¿cómo se comporta un delegado en un día de partido? ¿Qué tareas realiza?

Lo primero es preparar las fichas de los convocados con el entrenador. Luego también tener las equipaciones preparadas el día anterior, comprobar que los balones estén bien de presión si juegas como local, revisar que el panel de los cambios tuviera batería, una serie de cosas que eran la previa al día de partido.

Recibir a los árbitros y al equipo contrario y facilitarles todo lo que esté en tu mano, ese siempre ha sido mi lema. Luego con el delegado del equipo contrario entregas las fichas y las equipaciones a los árbitros. Si los colegiados lo desean te piden que inspecciones el terreno de juego con ellos, eso ya depende de cada persona.

Y una vez empieza el encuentro, nos encontramos sumergidos en la vorágine del partido. Suelo llevar la estadística del partido y los jugadores aparte del control de tarjetas y cambios. Y al final del partido ya se realiza el cierre de actas con los árbitros y el delegado del equipo contrario. Y, para terminar, viene una función que ya es más particular. Intento dejar los vestuarios lo más recogido posible para allanar el terreno a los compañeros de mantenimiento del campo.

Y dentro del vestuario uno está a disposición del míster, atento siempre a lo que necesite. Y con los chicos hay veces que hay que sacar el genio y ser duro, pero otras veces tienes que hacer más de padre.

En este primer año del Atlético de Pinto en División de Honor ¿qué cree que le ha pasado al equipo? ¿Cómo valora la temporada?

Partíamos con toda la ilusión del mundo, pero no podíamos competir a nivel de medios con todas las grandes canteras. Aquí en Pinto paga todo el mundo y en otros clubes no ocurre, de hecho, hay algunos que son hasta profesionales ya. Es un matiz muy importante a la hora de competir.

Aunque yo no soy de los de la mala suerte porque pienso que hay que buscarla y trabajarla, este año ha influido un poco. Se nos han ido puntos en los minutos finales y no hemos sabido trabajar en ese aspecto. Con el Real Madrid estuvimos empatados hasta los últimos diez minutos y al final encajamos dos goles, por ejemplo. Sin embargo, no se les puede reprochar nada a los chavales ni a los cuerpos técnicos que hemos tenido esta temporada. Pongo la mano en el fuego por ellos que han trabajado de la mejor manera que han podido y se ha llegado hasta donde se ha podido. El día del Atlético de Madrid supimos estar y nos sonrío la suerte con aquel gol tardío.

¿Por qué motivos ha decidido poner fin a su etapa como delegado?

No sigo en el mundo del fútbol, eso quiero matizarlo. Si siguiera ligado a este deporte me quedaría en Pinto porque es mi club y es mi casa. Aquí he tenido el respaldo y la confianza de la directiva y de todos mis compañeros que a raíz de la carta me lo han demostrado con innumerables mensajes. Me siento muy satisfecho por todas las muestras de cariño que he recibido de compañeros, árbitros, colegas de profesión de diferentes puntos de España y eso te enorgullece.

Tengo 57 años y este no es mi trabajo. Trabajo en el departamento de ingeniera de Adif y requiere una gran dedicación. Por otro lado, tengo una familia a la que cuidar y en esta situación de confinamiento te planteas una serie de cosas y tienes que dar el paso, aunque no lo quieras. De todos modos, yo seguiré yendo al Amelia del Castillo con el equipo de los veteranos o a echar una mano en lo que haga falta.

Aunque ya lo tenía claro de antes, este parón me ha hecho reflexionar acerca de la vida en general y he visto que hay cosas más importantes que el fútbol. He disfrutado de él mucho tiempo, pero ahora me toca disfrutar de mi gente.

A modo de cierre no sé si querrá enviar un mensaje de despedida y de ánimo a todo aficionado del Atlético de Pinto.

Mi mensaje es que debemos ser coherentes con la realidad que vivimos. Hay que tener paciencia e intentar poner todos nuestro granito de arena para que esta pandemia se acabe cuanto antes. El fútbol tiene su momento y volverá de la mejor manera al Amelia del Castillo, pero ahora es más importante la salud y erradicar esta situación. El fútbol tiene importancia, pero es la cosa menos importante de las cosas importantes

Por último, decir que estaré eternamente agradecido al Pinto, siempre será mi club, siempre será mi gente, siempre será mi casa y quien sabe si algún día volveré.

Foto: Atlético de Pinto